MÁS ALLÁ DEL PACTO NACIONAL

El pasado 18 de septiembre, la Fundación para la Economía Circular firmó, junto a otras cincuenta entidades más, el Pacto por una Economía Circular promovido por el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (MAPAMA) y el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad (MINECO).

El Pacto por una Economía Circular es muy positivo porque:

  • se inspira directamente de la Estrategia europea en la materia (hace referencia al Plan de Acción, de diciembre 2015, al mismo tiempo que a la Estrategia 2020 y a la Hoja de ruta hacia una Europa eficiente en el uso de los recursos);
  • aparece como una iniciativa transversal de dos Ministerios distintos y a nivel de los más altos responsables políticos;
  • abre la puerta hacia la participación de los agentes económicos y sociales.

En cuanto al compromiso de las entidades firmantes, decir que abarca diez puntos, entre ellos, reducir el uso de recursos naturales no renovables, impulsar el análisis del ciclo de vida de los productos, la incorporación de criterios de ecodiseño, promover pautas que incrementen la eficiencia global de los procesos productivos y promover formas innovadoras de consumo sostenible o el uso de infraestructuras y servicios digitales.

Tal y como se ha redactado el texto, este compromiso, a priori, parece muy general. Ahora corresponde a todos los involucrados llevar ese compromiso a cotas más altas, desarrollarlo en la práctica con más grado de detalle, más debates, más implicación y colaboración en trabajos colectivos, más ecodiseño y ecoinnovación,…, incluso nuevas formas de gestión administrativa, de manera que se establezca una verdadera hoja de ruta que permita a España transitar hacia la economía circular.

Lo cierto es que una estrategia de economía circular requiere nuevas formas de participación que van mucho más allá de una simple consulta (pública o privada). La economía circular supone, por definición, nuevas modalidades de funcionamiento de la economía basadas en una verdadera implicación de todos los actores del ciclo de vida o de la cadena de valor de los productos: hace falta analizar los impactos medioambientales y socioeconómicos de cada intervención (a un cierto nivel) de la cadena de vida, en relación con los otros niveles y concertar en común soluciones innovadoras.

Para el buen desarrollo de una estrategia de economía circular, es necesario promover múltiples interrelaciones entre todos los agentes económicos y sociales. Esos agentes (bajo el impulso y el arbitraje de los poderes públicos), tienen que reflexionar en común, descubrir sinergias entre sus actividades y generar proyectos y nuevas actuaciones.

Las estrategias nacionales de economía circular que encontramos hoy, por ejemplo, en Francia y en los Países Bajos, se caracterizan por procesos originales, importantes y constantes de “apropiación” de esas estrategias por parte de los agentes económicos y sociales.
En Francia, la estrategia de economía circular se apoya en el “Institut de l’économie circulaire”, el cual facilita intercambios de ideas y experiencias, así como la creación de sinergias entre todos los actores públicos y privados. En este país, se organizan, además, grandes conferencias anuales (“Grenelle” ou “Assises”) sobre el tema y se ha puesto en marcha una verdadera descentralización o “territorialización” de las responsabilidades.

En los Países Bajos, la estrategia de economía circular para 2050 incluye un acuerdo de prioridades sectoriales y la adopción de agendas de transición en cooperación con los agentes económicos y sociales interesados. También existen contribuciones financieras del gobierno destinadas a impulsar que estos agentes mejoren sus procesos y actuaciones e intercambien sus conocimientos en la materia dentro de su red o entre las redes que constituyen.

En cuanto a los temas alrededor de los cuales es conveniente reunir e implicar a los agentes económicos y sociales. Es fundamental combinar la problemática global de un nuevo modelo de crecimiento (focalizado en una nueva gestión de los recursos materiales) con problemáticas sectoriales de circularidad.

Las prioridades sectoriales tienen que ser determinadas en cooperación con los agentes económicos y sociales. Por supuesto, pueden variar de un territorio a otro pero, en todo caso, existen ciertos grandes sectores que merecen un debate más profundo: alimentación, construcción, textiles, muebles,…

Otros temas alrededor de los cuales es conveniente organizar procesos sectoriales de inteligencia colectiva serían aquellos relativos a las principales etapas del ciclo de vida: aprovechamiento sostenible, economía de funcionalidad, ecoconcepción de productos y servicios, ecoconsumo, compra pública verde o innovadora, reempleo de productos, refabricación, simbiosis industrial, reciclado,…

Finalmente, para una optimización del Pacto por una Economía Circular, no hay que olvidar el principio de jerarquía territorial. Es decir, la elaboración de estrategias de economía circular se justifica también en el ámbito local, de ciudades y áreas rurales, …, y es apropiado considerar lo que se puede y está haciéndose  en el ámbito local, antes de pasar a uno mayor, regional o estatal.

Jean-Pierre Hannequart
Presidente de honor de la Fundación para la Economía Circular

Anabel Rodríguez
Directora Ejecutiva de la Fundación para la Economía Circular