Un análisis basado en el Informe Cotec sobre la Situación y evolución de la economía circular en España (2025)
La transición hacia una economía circular ha dejado de ser una opción teórica para convertirse en una urgencia estratégica dentro de la Unión Europea y, por extensión, en España. El informe de la Fundación Cotec de 2025 ofrece una radiografía detallada y crítica de este proceso, revelando un escenario de luces y sombras. Si bien España ha logrado consolidar un marco normativo y estratégico robusto, alineado con las directrices de Bruselas, la realidad de los datos muestra que el cambio sistémico necesario para desvincular el crecimiento económico del consumo de recursos finitos avanza a un ritmo moderado, y en ciertos aspectos, insuficiente.
El contexto europeo marca la pauta de esta transformación. Tras una década de políticas comunitarias, Europa se enfrenta a la paradoja de avanzar en legislación mientras se estanca en indicadores clave. La Agencia Europea de Medio Ambiente ha alertado sobre el incumplimiento de objetivos cruciales, como la reducción de la huella de consumo o la duplicación de la tasa de uso de materiales circulares. España refleja fielmente esta tendencia continental: mantiene una propensión favorable en la productividad de los recursos —generamos más valor económico por cada kilogramo de material consumido—, pero presenta serias dificultades en el ciclo de vida de los materiales, especialmente en la gestión de residuos municipales y las tasas de reciclaje, donde el riesgo de incumplir los objetivos para 2025 y 2035 es real y preocupante.
Sin embargo, el verdadero cambio de paradigma que describe el informe no reside solo en las cifras macroeconómicas, sino en la transformación regulatoria. Estamos asistiendo al paso de una normativa correctiva, centrada tradicionalmente en gestionar el flujo de residuos al final de la tubería, hacia una normativa preventiva que actúa sobre toda la cadena de valor. El nuevo Reglamento europeo de ecodiseño o la legislación sobre el derecho a reparar son ejemplos de cómo el foco se ha desplazado hacia el diseño y la producción. Ya no basta con reciclar; el objetivo es que los productos sean sostenibles, duraderos y reparables desde su concepción.
El papel transformador de la empresa española: Del cumplimiento a la estrategia
Uno de los capítulos más reveladores del informe es el análisis monográfico sobre el desarrollo informativo de la economía circular en las empresas españolas. Ante la entrada en vigor de la Directiva sobre Información Corporativa en Materia de Sostenibilidad (CSRD), el tejido empresarial se enfrenta a exigencias de transparencia sin precedentes. El análisis de grandes compañías de sectores clave —desde la industria alimentaria hasta la construcción o la automoción— dibuja un sector privado que ha interiorizado el discurso de la circularidad, aunque con diferentes velocidades en su ejecución práctica.
Es destacable que la totalidad de las empresas analizadas ya identifica los impactos, riesgos y oportunidades relacionados con la economía circular en sus operaciones. La adopción del análisis de «doble materialidad» se ha generalizado, permitiendo a las organizaciones evaluar no solo cómo sus actividades afectan al entorno, sino cómo los riesgos ambientales —como la escasez de materias primas o la regulación climática— impactan financieramente en sus cuentas. Existe un consenso casi absoluto en la integración de la jerarquía de residuos en las políticas corporativas, priorizando la prevención y la minimización frente a la eliminación.
Las empresas están transitando desde un enfoque reactivo, basado en el mero cumplimiento legal, hacia una visión estratégica donde la economía circular es fuente de competitividad y resiliencia. Esto se materializa en planes de acción concretos: casi la totalidad de las grandes compañías analizadas presenta estrategias con objetivos cuantificables, centrados mayoritariamente en el ecodiseño, la incorporación de materiales reciclados y la eficiencia energética. Sectores como la siderurgia, el papel o la gestión de aguas lideran esta integración por la propia naturaleza de sus procesos, mientras que otros como el comercio o la construcción avanzan progresivamente impulsados por la presión regulatoria y la demanda social.
No obstante, el informe de Cotec señala una brecha significativa en la monetización de estas estrategias. Aunque las empresas identifican los riesgos, menos de la mitad es capaz de cuantificar financieramente los efectos previstos de dichos riesgos y oportunidades. Existe una dificultad metodológica evidente para aislar los costes y beneficios atribuibles exclusivamente a la circularidad, lo que dificulta la justificación de estas iniciativas ante accionistas e inversores. Además, la integración de la cadena de valor sigue siendo una asignatura pendiente; la información sobre los impactos aguas arriba (proveedores) y aguas abajo (uso y fin de vida por parte del cliente) es todavía limitada, lo que impide una visión holística del ciclo de vida del producto.
El nuevo marco fiscal como palanca de cambio
La transformación del modelo productivo no puede depender exclusivamente de la voluntad corporativa; requiere de señales de precios adecuadas. El informe analiza en profundidad el nuevo marco fiscal derivado de la Ley de Residuos y Suelos Contaminados para una Economía Circular de 2022. La introducción del impuesto sobre los envases de plástico no reutilizables y el impuesto sobre el depósito de residuos en vertedero e incineración busca corregir fallos de mercado y desincentivar las opciones menos sostenibles.
Sin embargo, el mayor reto a corto plazo se encuentra en el ámbito local. La obligación legal de que los ayuntamientos establezcan una tasa de residuos específica, diferenciada y no deficitaria, que tienda hacia sistemas de pago por generación (quien contamina, paga), supone una revolución en la fiscalidad municipal. El informe advierte sobre el escaso grado de cumplimiento actual por parte de las entidades locales y la complejidad técnica que conlleva implantar sistemas justos que reflejen el coste real de la gestión de residuos. Sin una fiscalidad que penalice el desperdicio y premie la prevención, difícilmente se modificarán los patrones de conducta de la ciudadanía y los agentes económicos.
Conclusiones y recomendaciones: Hacia un cambio sistémico
Las consideraciones finales del informe son un llamamiento a la acción urgente y coordinada. España ha demostrado compromiso, pero persisten barreras estructurales que impiden el despegue definitivo de la circularidad. La primera gran conclusión es la necesidad de superar la visión fragmentada. La economía circular no es una política ambiental aislada, sino un pilar de la competitividad económica y la autonomía estratégica. Se requiere una mayor coherencia entre las políticas de innovación, industria y sostenibilidad para asegurar que los fondos europeos, como los del PERTE de Economía Circular, tengan un efecto tractor real y no se queden en proyectos pilotos aislados.
En el ámbito de la gobernanza, el informe recomienda encarecidamente reforzar las estructuras administrativas a todos los niveles. Se observa una asincronía preocupante entre la ambición legislativa estatal y la capacidad de ejecución autonómica y local. Las entidades locales, piezas clave en la gestión de residuos, necesitan apoyo técnico y financiero urgente para revertir la situación de incumplimiento normativo y desplegar infraestructuras eficientes de recogida selectiva. Sin una gestión de residuos moderna y eficaz en los municipios, España seguirá fallando en los objetivos europeos de reciclaje.
Para el sector empresarial, la recomendación es clara: hay que elevar la ambición. Las empresas deben evolucionar desde objetivos de eficiencia operativa hacia la transformación profunda de sus modelos de negocio. Esto implica establecer metas a largo plazo para la reducción absoluta del consumo de recursos vírgenes y apostar decididamente por ingresos provenientes de servicios circulares, como la reparación, la remanufactura o la servitización. La entrada en vigor de las nuevas normas europeas de reporte (NEIS E5) no debe verse como una carga burocrática, sino como la oportunidad para estandarizar métricas, mejorar la trazabilidad y poner en valor la sostenibilidad ante el mercado financiero.
Finalmente, el informe subraya la importancia capital del dato y la cultura. Es urgente aprobar una estrategia nacional del dato en gestión de residuos que acabe con la opacidad y permita tomar decisiones basadas en evidencias. Paralelamente, se debe invertir en pedagogía y sensibilización. La transición circular requiere un cambio cultural profundo en la ciudadanía, que debe pasar de ser un consumidor pasivo a un actor corresponsable que priorice el uso frente a la posesión y la sostenibilidad frente a la inmediatez.
En definitiva, España cuenta con los mimbres normativos y el potencial tecnológico para liderar la economía circular, pero necesita acelerar el paso. El éxito dependerá de la capacidad para alinear la fiscalidad, la inversión empresarial y la gestión pública bajo un mismo objetivo: desacoplar definitivamente el progreso económico de la depredación de recursos, garantizando así la resiliencia de nuestra economía ante un futuro de incertidumbre global.







