Hace muchos años, un profesor de una universidad japonesa me comentó que una de las diferencias culturales entre España y su país era que, en caso de una catástrofe (por ejemplo, la caída de un puente), en Japón primero se resolvía el problema todos a una y después se analizaban los fallos del sistema. En cambio, en España, tendíamos a buscar un culpable sin arreglar el puente. En el caso de la DANA y en lo relativo a los daños en el sector del saneamiento de aguas, creo que hemos actuado de forma más «japonesa» —en el buen sentido—, ya que la reparación se ha llevado a cabo con rapidez por parte de los responsables, sin detenerse inicialmente en buscar culpables.
La DANA que afectó a Valencia en octubre de 2024 supuso un impacto económico estimado en casi 18.000 millones de euros y dejó un balance de 228 fallecidos. La magnitud de esta catástrofe es comparable a otras ocurridas en países desarrollados, como el huracán Harvey en Houston (125.000 millones de dólares y 107 fallecidos), o las inundaciones de 2021 en Alemania y Bélgica (40.000 millones de euros y 200 muertos). Estas cifras reflejan, por una parte, el poder destructivo de riadas e inundaciones en países con registros fiables. En países más pobres, las pérdidas humanas suelen ser aún mayores, si bien la información es menos precisa.

EDAR Requena
Dentro de los daños económicos provocados por la DANA, se estima que alrededor de 100 MM euros corresponden a saneamiento y depuración, además de 400 MM euros imputables a reparaciones urgentes.
Por su parte el Estado Central ha aportado 2.000 MM euros a los ayuntamientos para reparar infraestructuras dañadas incluyendo redes de agua, carreteras, colegios, etc
Superada la fase más crítica, comenzaron a aflorar problemas como colectores rotos, depuradoras fuera de servicio, vertidos sin tratar, impactos ambientales y riesgos sanitarios. La Entidad Pública de Saneamiento de Aguas Residuales de la Comunitat Valenciana (EPSAR), organismo responsable de la operación de estos servicios, actuó con celeridad para restablecer el funcionamiento adecuado del sistema de saneamiento.
En la Comunidad Valenciana existen 509 estaciones depuradoras de aguas residuales (EDAR), lo que representa un 25 % del total existente en España en 2021. De los cerca de 431 hm³ tratados anualmente, 111hm3 van a reutilización directa y 126 hm3 a indirecta.

EDAR Buñol
De estas instalaciones, resultaron dañadas 123 (el 25 %). En un primer momento, se detectó una gran variabilidad en los daños: desde colectores colapsados hasta la pérdida de comunicación con las plantas. El primer día tras la DANA, se contabilizaban 48 plantas operativas, 45 inactivas y 30 incomunicadas. Un mes después, la mayoría estaba ya operativa, con solo 2 inactivas y 13 funcionando parcialmente.
Esta recuperación fue posible gracias a la adjudicación de 12 obras de emergencia a diversos contratistas, por un importe de 65 millones de euros a fecha de Junio de 2025, ya en ejecución y adelantados por EPSAR y solicitado al MITECO.
Cabe comentar que los daños en los colectores fueron muy diversos: desde conducciones completamente arrasadas (por ejemplo, 5 km de colectores desaparecidos dentro del cauce del río Buñol entre Buñol y la EDAR de Alborache), el colector de Villamarchante desaparecido en su cruce con el río Turia, hasta la destrucción del colector que conecta la EDAR de Torrent con el bombeo de Picanya. Todo esto se realizó en entornos devastados, en muchos casos sin accesos, hasta el punto de que en algunas intervenciones la UME tuvo que construir puentes provisionales para permitir el acceso.

EDAR Buñol
En resumen, la reconstrucción ha sido ejemplar: rápida, eficaz y profesional. Los sistemas de saneamiento y depuración han sido restaurados en gran medida
No obstante, a pesar de la notable actuación de EPSAR y de la Conselleria de Medio Ambiente, Infraestructuras y Territorio, todavía hay redes municipales de recogida de aguas pluviales y residuales en fase de limpieza, cuya rehabilitación es urgente de cara al próximo otoño.
Este episodio nos deja varias lecciones valiosas. La primera, que una respuesta ágil y coordinada entre administraciones es posible La segunda, que la resiliencia de nuestras infraestructuras críticas no puede seguir basándose únicamente en la capacidad de respuesta tras un desastre, sino en una planificación previa que contemple escenarios extremos cada vez más frecuentes. Y la tercera, que es imprescindible reforzar la inversión en mantenimiento, digitalización y monitorización de los sistemas de saneamiento, con especial atención al ámbito municipal, donde la vulnerabilidad sigue siendo alta.
La DANA de 2024 ha puesto a prueba la solidez del modelo valenciano de gestión del agua. Y, en buena medida, lo ha validado. Ahora, toca consolidar esa respuesta con una estrategia integral que combine reconstrucción, prevención y adaptación. Porque los episodios extremos no son ya una excepción, sino parte del nuevo clima al que debemos acostumbrarnos. Y frente a ese reto, no basta con reconstruir: hay que anticiparse.
JULIO BERBEL VECINO
PATRONO DE LA FUNDACIÓN PARA LA ECONOMÍA CIRCULAR
CATEDRÁTICO DE ECONOMÍA AGRARIA EN LA UNIVERSIDAD DE CÓRDOBA.







